8 de enero de 2011

JUAN DEL JARRO


Juan del jarro, es de esas leyendas potosinas que no se sabe si es verdad o no…
Era un pordiosero como cualquiera de los pordioseros, Se llamaba Juan, se dice que la gente lo apellidaba del Jarro, porque sus únicas pertenencias, que siempre traía eran un sombrero, una estera y un jarro de terracota.
Se comenta que dormitaba en cualquier banqueta principalmente en el centro de la ciudad sobrevivía haciendo trabajillos en el mercado o pidiendo limosna fuera de los templos para resolver el hambre del día.
Este hombre tenía dos características. La primera es que era un hombre piadoso que repartía sus limosnas diarias con otros menesterosos, La otra característica que hacía especial a Juan era su afección por los dichos y las frases llenas de sentido común, ésas que los viejos sintetizan para los jóvenes y los niños. Juan siempre tenía un refrán en la punta de la lengua, según la ocasión.
La fama de Juan del Jarro cambio con los años: se decía que era un loco iluminado, era un listo muy loco, lo cierto es que era amigo de todos.
Hay una historia de donde empezó su fama de adivinador o conocedor del futuro, la leyenda cuenta que una mujer tratando de hacerlo quedar mal ante los demás un día cuando pasaba por la plaza principal esta mujer lo enfrenta y le grita :
“Dime, adivinador, ¿cómo se llamará el que ha de ser mi esposo?”
“Te casarás, pero no con el padre del niño que llevas en el vientre” –contestó el pordiosero.
Poco después la señorita decente abandonó la ciudad porque la familia descubrió que Juan tenía razón. La leyenda creció, se decía que Juan podía saber el futuro porque lo escuchaba en su jarro de terracota.
Hace unos años en honor a esa famosa leyenda se instalo una figura de tamaño real en el jardín de San Francisco esquina con Avenida Universidad en la capital potosina, hecha de bronce simulando ha este hombre limosnero, con sus características, su sombrero, sus ropas sucias y rasgadas y su famoso jarro de terracota.
La leyenda cuenta que hay una secta que busca su jarro, dentro, dicen, se escucha el mar y un inquietante ruido de cascabeles. El jarro tiene la habilidad de conceder deseos, dicen los creyentes.